A éstas alturas del camino, después de medio siglo de confrontación armada y las desmovilizaciones de diferentes organizaciones rebeldes, tras varios intentos fallidos de acuerdos con los ejércitos insurgentes que aún resisten y cuando avanza firme e irreversiblemente el proceso de diálogos de paz con las FARC-EP, las grandes mayorías de colombianas y colombianos volvemos a abrazar las esperanzas y anhelos de paz con justicia social.

Inclusive, muy a pesar del descontento, el escepticismo, la incredulidad u oposición sembrada en buena parte de la opinión pública por la ultraderecha, gracias a una campaña aturdidora e incesante de tergiversaciones, falsedades, rumores, manipulaciones, infundios, interpretaciones amañadas y editoriales mal intencionadas y de mala fe, orquestada a través de los grandes monopolios de la comunicación; la mayoría de ciudadanos respaldamos los diálogos, los acuerdos y estamos dispuestos a darle el sí a la refrendación de los Acuerdos Generales, cuya firma se aproxima.

Sin embargo, llama la atención que el proceso de paz haya avanzado como lo ha hecho, en medio de un diálogo complejo pero constante; que haya alcanzado acuerdos tan difíciles como trascendentales, cuando los gestos tangibles de paz han sido -entre el Gobierno y la Guerrilla- tan dispares.

Ambas delegaciones de paz, así como el jefe de Gobierno y el jefe máximo de las FARC-EP, han sido categóricos y reiterativos al afirmar la “confianza” y “voluntad” que ven los unos en los otros de llevar a buen puerto el proceso. También ha terminado por imponerse sobre el lenguaje pernicioso y guerrerista difundido por los medios masivos, un lenguaje de paz en el que han incursionado conceptos nuevos tales como des escalamiento del conflicto, justicia restaurativa, zonas de transición, pedagogía de paz, reparación integral, penas alternativas y muchas otras.

Pero la realidad demuestra que existe a lo largo del camino un pronunciado desbalance en los gestos tangibles de paz con los cuales se ha construido esa “confianza” y en consecuencia, dado que las partes sentadas a la mesa no llegaron rendidas, obligadas o engañadas, la disparidad en las demostraciones hace pensar que quien más da de sí tiene mayor voluntad, pues cuando no existe reciprocidad lo que permite avanzar es la generosidad y total honestidad de quien da sin recibir ni esperar lo mismo a cambio.

Es así como las FARC-EP de manera abierta, transparente e incontrovertible a los ojos del mundo entero ha tenido varios gestos unilaterales de paz: entrega total de los retenidos políticos y prisioneros de guerra en su poder, suspensión de las retenciones económicas, varios cese al fuego por espacios de tiempo determinados, cese al fuego a tiempo indefinido, suspensión del reclutamiento, entrega humanitaria de guerrilleros menores de edad, suspensión del cobro del impuesto para la paz (ley 002) a la población civil, etc.

De otra parte el gobierno de Santos solo se ha tomado el trabajo -casi a regañadientes- de suspender los bombardeos contra unidades guerrilleras (orientación no siempre respetada por los altos oficiales y pilotos de la FF.AA.); y otorgó un pírrico indulto a 30 prisioneros de guerra lleno de tropiezos, demoras, trabas, dilaciones, carente de garantías mínimas como atención médica y vinculación a programas educativos y laborales. Y ni qué decir del asedio militar en las áreas, hostigamientos y provocaciones a las unidades y campamentos de los frentes.

Aún así el Camarada Timoleón Jiménez insiste en reconocer y valorar la “voluntad” de paz del Gobierno Santos. Las y los colombianos podemos constatar con optimismo la vocación de paz que asiste a su ejército guerrillero, así como la decisión inclaudicable de avanzar por los senderos de la civilidad hacia la construcción mancomunada de la Nueva Colombia.

Todo este no es óbice para mirar con ojo crítico esa verdad de a puño que es la mezquindad de Santos, su “confianza restringida” y su “extraña reciprocidad” hacia su interlocutor y hacia el pueblo colombiano:

1) No interlocutor con los movimientos sociales sobre sus legítimos reclamos y exigencias.

2) Firma e incumple acuerdos sumiendo el campo en nivel más bajos de pobreza.

3) Reprime y criminaliza las justas protestas sociales y guarda silencio ante el asesinato de indígenas, campesinos y estudiantes a manos de la BACRIM institucional llamada ESMAD.

4) Voltea la cara ante la expansión de la nueva ola paramilitar y se muestra cínicamente ajeno e insensible frente a las decenas de lideresas y líderes sociales asesinados.

Y a su interlocutor en La Habana, con actitud soberbia y prepotente, le niega el indulto de sus prisioneras políticas de guerra, madres gestantes y lactantes; le niega el indulto a sus prisioneros de políticos de guerra con enfermedades crónicas, enfermedades terminales, lisiados de guerra, discapacitados y adultos mayores. Mientras tanto, el conjunto de prisioneras y prisioneros políticos de las FARC-EP y presos políticos de los movimientos sociales, continuamos junto a los cerca de 130.000 presos del país padeciendo la crónica situación social y humanitaria dentro del sistema carcelario, viendo morir impunemente -semana tras semana-, sin atención médica a nuestras compañeras y compañeros de infortunio. Ese estado de cosas inconstitucionales que crece exponencialmente desde hace 18 años, sin recibir un gesto de humanidad y sin esperanzas de resarcimiento ni beneficios jurídicos para esa muchedumbre sepultada viva en las cárceles.

De tal tamaño es su mezquindad que en las recientes jornadas de Pedagogía de Paz realizadas en las principales penitenciarías del país, el INPEC con el silencio cómplice del Gobierno Santos, ha impedido la participación de los presos políticos a los que mantiene sometidos a la tortura del aislamiento prolongado, sin sanción debidamente impuesta, sin debido proceso y en contra de la ley penitenciaria que es taxativa sobre el uso de la medida in continenti.

Este es el caso de los camaradas Hugo 22 (Wilmar Marín Cano), Chucho Nariño (José Marbel Zamora Pérez), Santiago Cepeda (Gustavo Arbeláez Cardona) y Robinson (Jorge Bernal Romero) en el establecimiento de COIBA en Ibagué, Tolima; y los camaradas Misael (José Vicente Carvajal Isidro) y Urrego (Octavio Correa Sánchez) en los patios 12 y 16 para extraditables en el ERON PICOTA, sin que estén cobijados por pedidos de gobiernos extranjeros; y David Ravelo Crespo y Huber Ballesteros, líderes de los movimientos sociales víctimas de montajes judiciales presos en el PAS PICOTA.

Esos son sus gestos de paz señor Juan Manuel Santos? Esa es su confianza y su reciprocidad?

Ya que comenzó su campaña por el SÍ a la refrendación de los acuerdos, comience por tomar la decisión USTED y tenga ACTOS DE PAZ con el pueblo colombiano, con los movimientos sociales, con los presos y prisioneras de Colombia y con las y los prisioneros políticos de las FARC-EP y de conciencia.

COLECTIVO DE PRISIONEROS DE GUERRA DE LAS FARC-EP.

COLUMNA DOMINGO BIOHÓ.

Patio 4° La Picota. Bogotá.

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