Hoy 27 de mayo, hace 52 años, se dio inicio a una epopeya con la resistencia de 48 campesinos al plan criminal del imperio (LASO) y su Operación Marquetalia, pero estos heroicos guerreros se dieron combate, en el filo de la suiza desde la humilde Marquetalia, en el sur del Tolima, donde un puñado de campesinas y campesinos que se echaron al hombro la tarea titánica de trasformar un país, armados -en ese momento-, con un ideal revolucionario, con la férrea moral de quien forja día a día su presente y su futuro arando la tierra, con la dignidad de las mujeres y los hombres de botas, ruana y sombrero que solo conocen la belleza de las cosas simples; unos machetes, unos fistos y una voluntad de hierro.

Acaso entendió la clase gobernante ese día la semilla que aquella resistencia iniciada? Con toda certeza No.

Debió ser para ellos la imagen menos que pintoresca, subestimada, menospreciable, como las que se repiten día a día en todos los rincones del campo y las periferias marginales, donde seres anónimos e invisibles deciden resistir, y con ello, repiten la tarea siempre altruista de cambiar la historia. Porque toda insumisión, toda rebeldía y toda lucha cambia el curso de un destino que pretende imponerse desde las élites del poder.

Desde aquella descomunal agresión este puñado de valientes en medio de toda clase de dificultades, redactaban con una vieja maquinita de escribir sobre hojas humedecidas por la niebla y el roció de la cordillera que era testigo de tanta determinación y lucha de estos firmes y humildes labriegos. (Maquina y hojas que fueron siempre, desde un principio, las armas de “destrucción masiva” de las intenciones de control y dominación oligárquicas); dejaban constancia clara y concisa, que nuestra vocación e intención eran nobles y pacíficas, pero que abocados a las armas por la exclusión socioeconómica, la agresión militar y la intolerancia política, como revolucionarios, debíamos cumplir de una u otra forma nuestro deber, y por tanto, sin renunciar jamás a nuestra esencia, asumíamos la tenaz y dolorosa tarea de la guerra de guerrillas.

Hoy, 52 años después, esa misma vocación y voluntad nos acompañan y nos orientan en la tarea, decisiva y no menos titánica de transformar la historia, de transformar el país, desde el dialogo racional y civilizado que debió primar siempre, que nos hubiera ahorrado tanto dolor y sufrimiento, que nos hubiera permitido ser hoy, desde hace más de medio siglo, la nación que podemos ser, que soñamos ser, que luchamos por ser y que merecemos ser.

Por ello, sin temor a dudas, podemos decir que el Proceso de Diálogos de Paz que se adelanta entre compatriotas, en suelo de la hermana Cuba, para máximo bien de los colombianos, es el TRIUNFO DEL PUEBLO que jamás mereció el camino del martirio por el que transitó.

Para nosotros y nosotras, guerrilleros y guerrilleras de las FARC-EP, es un motivo de orgullo y de esperanza decir a viva voz -tal como se hizo nuestra primera proclama-, que siempre nuestras fuerzas estuvieron y estarán al servicio de la causa del pueblo, y que esta Paz que se aproxima es parte de un esfuerzo que hicimos todas y todos los humildes, trabajadores, campesinos, estudiantes, artistas, intelectuales, obreros, maestros, amas de casa y todas y todos los colombianos que cayeron y quienes sobrevivieron a semejante barbarie que se nos impuso desde el status quo.

Con alegría y optimismo seguimos ofreciendo nuestras manos a la reconstrucción y reconciliación de la Nueva Colombia.

Colectivo de Presos Políticos de Guerra de las FARC EP

Columna Domingo Biohó.

Patio 4 La Picota.

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