La cárcel, espacio de dominación, de invisibilización de una realidad que se niega a ser ocultada a través de las acciones beligerantes de seres humanos, que valientemente persisten en rasgar el velo de esa otra, de esta otra realidad impuesta (por tanto aparente y parcial), desde las esferas del poder ejercido en el fetiche que la misma humanidad ha hecho de él, el dinero, el dios capital, el dios moderno, modernizador y modernizante.

Espacio de negación, ocultamiento, negación de la dignidad del ser humano, de su existencia, de su vida. Ocultamiento de hombres y mujeres sumidos en la pobreza no sólo económica, miembros de comunidades rurales-urbanas populares, quienes terminan siendo producto de un vaciamiento dentro de estos lugares, el cual a su vez constituye una nueva forma, más profunda y violenta aún, de la negación de sí mismos.

Es decir, sumidos dentro de una catástrofe mayor que la ya sufrida fuera de los muros carcelarios de la infamia, arrastrando con ella a estas profundidades a sus familias y seres queridos.

Aquí dentro nadie nos ve, piensan ellos (los ejecutores del poder fetichizado), allá detrás de esos muros están doblegados, disciplinados bajo nuestro panoptikon en toda nuestra manifestación violenta, siguen pensando, ni siquiera el más fuerte y desgarrador grito de dolor y desesperanza podrán aquí escucharlo, sostienen tercamente.

Así la violencia del panoptikon, seres humanos deshumanizados, se despliega sobre todas y todos nosotros en insultos, agresiones físicas, sicológicas, métodos de tortura, humillación y muerte. Difícilmente se podría encontrar un funcionario que no ejerza esta violencia, así sea a través de un silencio cómplice o placentero para él mismo.

La producción y reproducción de esta irracional forma de, según ellos, conducir vidas humanas, por décadas creada desde la explotación de la vida humana hecha mercancía, no sólo para la venta del señor capitalista, también así para el goce del señor castigo.

Pero como todo lo creado, producido y reproducido desde nuestra fuente como seres del ser naturaleza, tiene su momento de colapso. Aquel acontecimiento que inevitablemente se gesta desde su misma concepción como su contrario preconcebido, toda una dialéctica que sin embargo también invisibilizada desde esta realidad impuesta, está, subrepticiamente por un tiempo, pues deviene irrupción, en su constante movimiento.

Y no son otros que nosotros mismos, la comunidad de seres humanos humanizados que desde la dignidad humana-viva potenciamos esa irrupción, ya no sólo de la resistencia sino de la ruptura que de a poco se abre paso para hacerse definitiva, imparable, incontenible, ensanchando el camino al desocultamiento de la realidad negada para transformar desde allí, desde aquí, la realidad impuesta.

Esos perdón, estos seres humanos-vivos que afirman la vida digna desde esta realidad de la muerte nos acompañan hoy no sólo desde la memoria, aunque no estén a nuestro lado como comunidad físicamente, sino también con la fuerza de sus energías recogidas y desplegadas década a década en nosotros, los demás miembros de esta comunidad-humanidad que ya no sólo resiste sino que está yendo más allá de esta mísera realidad establecida.

Bobby Sands, oficial al mando del IRA fue el primero en fallecer el 5 de mayo en protesta en la prisión de Maze.

Desocultando lo ocultado en la dialéctica hecha rebeldía.

Uno de muchos, pero no como muchos.

René Nariño

Prisionero Político de Guerra de las FARC EP

Columna Domingo Biohó

Penitenciaria La Picota

Bogotá

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