El Colectivo de Presos Políticos de Guerra de las FARC-EP, recluidos en el ERON PICOTA; unidad Columna Domingo Biohó, sumamos nuestra voz de solidaridad al clamor nacional e internacional que apoya la valiente, tenaz y digna lucha de los internos de la Penitenciaría Nacional de Valledupar, en el Cesar, conocida popularmente como La Tramacúa y uno de los más brutales centros de tortura del sistema penitenciario y carcelario de Colombia. Exigimos al Gobierno del presidente Santos que cierre este monumento al desprecio del el ser humano, como un paso más en el des escalamiento del conflicto interno social y armado, que sume a la confianza entre las partes en La Mesa de Diálogos de Paz, en La Habana, Cuba, y conduzca al país hacia la firma de los acuerdos generales para la superación definitiva de la guerra y sus secuelas de dolor y sufrimiento entre compatriotas.

Es mundialmente conocida la gravísima situación social y humanitaria que se padece al interior de las prisiones en nuestro país, su crecimiento y profundización a lo largo de los últimos veinte años; la ineficacia de las medidas administrativas y la precariedad de las políticas gubernamentales; la congestión de la Rama Judicial y su abuso de las medidas de detención preventivas; así como el populismo penitenciario que ha hecho carrera en el Congreso de la República y en los medios de comunicación, instaurando en los imaginarios de la opinión pública la falaz visión de la cárcel como solución a los grandes problemas y desafíos que afronta la nación.

Un sistema carcelario con un aproximado de 70.000 cupos que alberga cerca de 160.000 mujeres y hombres de toda clase en las condiciones más precarias de insalubridad, sin servicio de salud, pésima alimentación y otras vejaciones más. Pero éste caos general tiene sus puntos de mayor concentración de los flagelos a que somete las y los internos. Uno de ellos, si no el que más, es la Tramacúa.

La severidad del clima, la ubicación distante, la infraestructura derruida, mal diseñada, sin baterías sanitarias, sin abastecimiento hídrico, con deterioro de su alcantarillado y desagües; la severidad de su régimen, la corrupción y brutalidad de su administración y guardia; la inhumanidad de sus instalaciones y otras calamidades indecibles, reiteradamente reveladas ante la opinión nacional e internacional, han sido objeto de múltiples jornadas de protesta de sus infortunados huéspedes, pronunciamientos de organismos de control, monitorios permanentes de ONG´S defensoras de DDHH, y sentencias de las altas cortes que son más que suficientes para exigir una vez más su cierre inmediatamente.

Máxime cuando el país avanza por el camino de la reconstrucción y reconciliación hacia una paz con justicia social, que dirima sus diferencias por vías democráticas y civilizadas, no puede seguir dándole la espalda a sus prisiones y a los seres humanos confinados en ellas.

La solución de la crisis social y humanitaria del sistema penitenciario y carcelario debe ser parte de los acuerdos generales de paz, y el cierre inmediato de la Tramacúa debe ser un gesto unilateral del Gobierno Santos, como parte del des escalamiento del conflicto. Un gesto humanitario de confianza y buena voluntad que debemos exigir y arrebatar de la mano de los cerca de 500 internos en huelga de hambre.

TRAMACUA NUNCA MAS!!!

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