Por: Corporación Solidaridad Jurídica /// Vemos con bastante preocupación el alinderamiento de la derecha colombiana, representada por el presidente Juan Manuel Santos y la más fascista y feroz extrema derecha, representada por el hoy Senador Álvaro Uribe Vélez, representante de los intereses mezquinos de los terratenientes, ganaderos y gamonales. No solamente lo más retardatario de esa burguesía conservadora tradicional de sangre azul, cuyos hijos se pronunciaron sobre el tema del proceso de paz exigiendo la continuación de la guerra y de esta forma sus privilegios nunca sean manoseados y permitir así la continuación de un “statu quo” impuesto por sus ancestros. Imponiendo la guerra como fórmula para frenar el avance de las ideas más avanzadas, e incluso, negarse a poner en marcha leyes generadas en el mismo congreso burgués, como la que contempla las llamadas zonas de reservas campesinas y que hoy quieren hacer pasar ante propios y extraños como un invento de la insurgencia. Muchas de esas zonas fueron llamadas por sus progenitores “Repúblicas independientes” y después, Laureano Gómez, Álvaro Gómez y la más rancia oligarquía, anegaron los campos de la patria en sangre, con el pretexto de acabar con dichas repúblicas independientes y dando origen a la violencia que hasta hoy vivimos.

Hoy sus queridos hijos llaman nuevamente a la guerra. Confrontación que ellos y sus hijos, que al igual que los de Uribe y la clase en el poder, observan desde la comodidad de sus lujosos apartamentos y fincas, mientras que los combatientes muertos son remplazados por jóvenes reclutados en los cordones de miseria; en Ciudad Bolívar en Bogotá, Agua blanca en Cali, las comunas de Medellín y otras ciudades y campos; reclutados en Transmilenio en Bogotá, el MIO en Cali, etc., repitiendo ese reclutamiento a lo largo de la patria, pero de la patria boba y la patria pobre, porque la oligarquía solo azuza la guerra, no va combatirla.

Ahora viene el mesías reencauchado por la clase en el poder y el gobierno Santos, que todavía lo necesita y lo sigue utilizando, Álvaro Uribe Vélez; digno representante de ese lumpen ascendente que gracias al paramilitarismo y el narco tráfico ha hecho llave con los elementos más criminales del sistema. Con su Castro Chavismo, sofisma distractor en su discurso para congraciarse con esa oligarquía fascista y con los militares que se han beneficiado de la guerra para enriquecerse. Los mismos de los falsos positivos, los que se robaron el plan Colombia y aquellos del cartel de la salud de los militares activos y en retiró. Esos que azuzan la guerra desde sus puestos en la cúpula militar o el retiro. Los que lo hacían a través del saliente ministro de defensa Pinzón o en la mesa de la Habana con el general Mora, cuota del mecías “Varito” y de los mandos activos y en retiro más guerreristas. Basta una pataleta del general Mora desde la mesa de la Habana con el amago que se va y dos cañazos del mesías “Varito” a los medios de comunicación, en el sentido que los militares están inconformes con los diálogos y con el salario, y nuestro flamante presidente de sangre azul, autoriza el alza de salarios con retroactivo a enero de 2015 para todos los militares activos y retirados. Tratamiento que no dio a los maestros, quiénes tuvieron que ir a huelga para que les incrementaran un salario miserable. Claro los maestros no están añorando la guerra y no viven de la guerra, al contrario, sufren las consecuencias del conflicto. Por eso para el sistema los profesores no son tan importantes como los héroes que mandan como carne de cañón a que se maten cuidando intereses ajenos, mientras que la oligarquía utiliza los cuerpos cuando le conviene como aves carroñeras a través de sus medios de comunicación, como el caso de los 10 militares muertos en combates en el Cauca. Presentados ante la opinión pública como pobres e ingenuos muchachos engañados por las FARC-EP y no como tropas especiales contra-guerrilla que llegaron a la zona en busca de un campamento de la insurgencia para asaltarlo.

¿Por qué tanta preocupación inusitada por esos 10 militares muertos en el Cauca? ¿Por qué cuando las FARC-EP llegaron a tener hasta 600 militares en su poder la prensa burguesa no hizo el mismo escandalo para que los canjearan por prisioneros políticos de guerra? Al darse cuenta que la oligarquía no iba hacer nada por liberarlos, porque nada les importaba, la insurgencia en un gesto de paz los entrego. ¿Por qué la burguesía, que hoy sale con lágrimas de cocodrilo a llorar esos colombianos muertos en la absurda confrontación, no bogaron para que el gobierno llegara a algún acuerdo para su liberación? Y si hoy día hacen escandalo, no es que los hayan aprendido a querer, sino que utilizan el sufrimiento de las familias para manejar las masas populares, radicalizando más el país y así ganar adeptos para la prolongación de la confrontación. Poniendo sal en la herida y presionando para que se de fin a los diálogos en la Habana.

En estos momentos los Señores de la guerra, vampiros que viven de la sangre, deben estar satisfechos. Van más de 45 guerrilleros muertos solo en los criminales bombardeos, las hostilidades reiniciaron y todo el territorio nacional tiende a recrudecerse en los próximos días debido a la orden dada por el secretariado de las FARC-EP de terminar con el cese al fuego unilateral que había sido decretado por la insurgencia como muestra de voluntad de paz.

Efectivos militares y policiales son dados de baja en combates en diferentes partes del país, el drama de la guerra vuelve con sus desplazados de las zonas donde se desarrollan los bombardeos y los combates. EL presidente Juan Manuel Santos, como gesto miserable y tramposo para desescalonar el conflicto, anuncia con bombos y platillos que los cadáveres de los guerrilleros muertos serán entregados a sus familiares y así no sean enterrados como NN. Cuando es bien sabido que la mayoría de los guerrilleros, por haber nacido en zonas donde la presencia del estado es nula, solo con los aviones para bombardear, no existe ni un centro de salud y mucho menos registradurías; entonces, ¿dónde puedan sacar la cedula y como los van a reconocer?

Nos preguntamos ¿dónde están los defensores de los derechos Humanos de la ONU? ¿Dónde está la comisión Internacional de Derechos Humanos y el Derecho internacional Humanitario? ¿Dónde está La corte Internacional de Justicia? ¿Dónde está la Corte Penal Internacional? ¿Dónde está la Fiscal de la Corte Penal Internacional?… dejando que nos matemos otros 50 años como bestias. Y cuando en el 2065, dentro de 50 años, cuando nuestros hijos o los hijos de nuestros hijos busquen nuevamente la paz, les dirán que es imposible porque se cometieron muchos crímenes de lesa humanidad y la Corte Penal Internacional no puede dar visto bueno a ninguna negociación, ya que los derechos humanos no lo permite.

Cosa que repiten como autómatas, ex presidentes, presidentes, ministros, senadores, representantes y de más administradores desde la periferia del estado. Los mismos que ordenaron, financiaron, torturaron, asesinaron, cometieron ejecuciones extrajudiciales “léase falsos positivos”, desplazaron y robaron tierras con ayuda directamente de la fuerza pública o grupos paramilitares. Los mismos que utilizan el derecho penal del enemigo, encarcelando a todo el que piense diferente y utilizando falsos testigos en el denominado cartel de los testigos, compuesto por desertores, reinsertados, miembros y ex miembros de la fuerza pública y de policía. Manteniendo en prisión a dirigentes populares, líderes campesinos, estudiantes y habitantes de las zonas donde se desarrolla el conflicto político, social y armado que vive el país. Ponen con cinismo a circular en los varios medios de comunicación que los crímenes no pueden quedar impunes y que la insurgencia tiene que pasar de la montaña a las cárceles para que haya paz en Colombia.

No señores, este no puede ser el panorama para nuestro futuro y el de nuestros hijos, la paz es ahora y hay que detener esta inútil guerra. Como dijo nuestro Bolívar, “si la Naturaleza se opone, pues habrá que luchar contra ella también”.

Pero no podemos permitir que talanqueras internas o externas trunquen nuestros sueños de paz con justicia social. Anhelamos que se abra el camino para una reforma democrática que permita a los diversos sectores ejercer los derechos democráticos y ejercer la política en igualdad de condiciones, sin temor a ser encarcelados o asesinados por pensar diferente. Y que para hacer la política no sean necesarios medios violentos, sino que la búsqueda de la tan anhelada felicidad sea por los medios más civilizados y a través de la confrontación de ideas y del discurso político. Para los que queremos la paz, que seguramente seremos muchísimos más que los que quieren la guerra, tendremos que hacer un frente común para que la comunidad Internacional entienda que no queremos polos en la rueda de nuestra historia que obstaculicen el camino hacia la reconciliación nacional. Es necesario un nuevo pacto social nacido de los mismos diálogos de la Habana y que la negociación política cree derecho, es decir, que forje la norma de derecho que permita que florezca la paz. Las negociaciones de paz no son discusiones en derecho y las normas o leyes de una de las partes no pueden ser utilizadas, por que se impondría el derecho del enemigo. Una negociación es inminentemente política, y se crea derecho. Las partes tienen que trazarse su derrotero y primero crear las normas que garanticen que sea una negociación del estado con una insurgencia o contraparte que es reconocida como beligerante. Que sea una cuestión de Estado, una política de Estado para que haya seguridad jurídica de lo acordado y no de personas.

Como quiera las personas cambian de parecer o forma de pensar, o son remplazadas por otras que pueden pensar diferente. Por ejemplo, bajo el gobierno de Andrés Pastrana se sometieron a la Ley los hermanos Rodríguez Orejuela, el arreglo fue no ser extraditados. Pero todo cambió cuando Uribe llegó al poder y fueron extradito a los Estados Unidos de América. Por eso es importante, para que el proceso de negociación termine con la firma de un acuerdo de paz estable y duradera, que sea un asunto de Estado.

Es fundamental que esas normas o derechos que se creen en la mesa, una vez aprobadas, tengan rango de normas de normas, es decir constitucionales, para que fácilmente no puedan ser cambiadas a su antojo por el siguiente gobernante.

Como los acuerdos no van a girar en torno al derecho existente, por que ya se dijo que era el derecho de una de las partes, en este caso el gobierno, no se puede utilizar esas normas para ver quantum de penas, porque el gobierno se va a parcializar y seguramente va a querer ganar en la mesa lo que no gano en la confrontación directa, es decir, matarlos o capturarlos, llevarlos a las cárceles o ver la situación como si fuera una entrega donde “yo, gobierno de buena gente” doy concesiones para reintegrarlos a la sociedad.

Hay que hablar como una partida de ajedrez que quedo en tablas o en igualdad de condiciones. No hay vencedores ni vencidos en ese orden. El requisito será la verdad dicha por las partes en el conflicto, la reparación a las víctimas (en lo posible resarcir los daños accionados), la garantía de que nunca más en Colombia se verá esa escalada de violencia como la que hemos sufrido y garantía de no repetición. Esa será la verdadera Justicia que honrará la memoria de los caídos en la confrontación y nos haga reflexionar sobre los errores cometidos. Pero la mejor reparación será buscar la felicidad para todas y todos los Colombianos.

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