POR: CARLOS LUGO///

I RESISTENCIA Y AMOR

¿Por qué resisto? ¿Por qué a dos años y medio de prisión, viendo la vida partir entre las rejas, mis ojos aún sueñan con el futuro?

En medio de ese diálogo interior, de ese doloroso mantra, llega la respuesta como un salvavidas de última hora, como un antídoto mágico a salvarme o prolongar mi agonía, no lo sé.

Amor: ¡Esa es la respuesta! Resisto por amor y el amor me fortalece. Amo a mi patria y su historia heroica, a sus campesinos que se cansaron de tanta injusticia y son golpeados en las carreteras del campo y la ciudad, a mis hermanos mayores que guardan en su sabiduría ancestral el conocimiento que me fue extirpado por otra cultura mucho antes de nacer, a los maestros y estudiantes que sueñan y luchan, que proyectan en sus acciones el porvenir; en ellos está mi amor hecho canto.

De esta manera, poco a poco he ido conociéndome y reconociéndome entre esos distintos grises que componen la cárcel. Qué más quiere el estado, sino que me derrumbe, me bestialice, que pierda todo aquello que me hace humano y artista. Una mala noticia para mis verdugos: éste tiempo ha servido para descubrirme, para saberme vivo y entender que soy esperanza terca, que soy sueño incansable, que afuera hay millones de personas que como yo, resisten las agresiones de un imperio de soledad y desilusión. Esas personas que llamo fraternalmente: Hermanos.

Soy el resumen de su sufrimiento y sus anhelos, bebo su angustia para no caer derrotado y considero sin duda alguna, que los amo como a mi familia, que sus hijos son los míos y que nuestros destinos están fuertemente y para siempre atados por el lazo irrompible de la hermandad y la lucha. Resisto y vivo sólo por amor.

II TIEMPO Y COYUNTURA

Al inicio de mi presidio buscaba la libertad, me sentaba a esperarla en un silencio tóxico en cada audiencia, pero como algunos abogados… nunca llegó.

También al comienzo, eran muchas las personas –cercanas o no- que deseaban visitarme, enviarme cartas o simplemente hablar conmigo. Otros definitivamente se alejaron por temor a ser vinculados a mi proceso judicial –es normal, créanme-, pero con el paso del tiempo todo ha disminuido notablemente y era algo que tenía claro desde los primeros días; al fin y al cabo, entender al ser humano siempre ha sido una tarea que me he impuesto desde mi labor como cantautor y aunque no es muy alentador, lo que he encontrado en ese trabajo, mi esperanza en que la gente y el mundo algún día cambiarán no disminuye, pues hay algo claro: Nada en el universo es estático o inamovible.

Con el tiempo llegaron las campañas, las marchas y eventos en los cuales se exigía mi libertad inmediata. Mi imagen se estampaba en pendones, camisetas, calcomanías y una especie de “batalla” por hablar por mí o de mí allá afuera, en lo que todos conocemos con el nombre de “libertad”, mientras pensaba en medio de unas paredes extrañas, si lo poco que he hecho tiene sentido. También pensaba en que la gente está unida, en que estaba equivocado, pues las ONG’S de derechos humanos, no son solo “cuenta-muertos” ni turistas de la desgracia, ni oportunistas del conflicto político, económico y social que atraviesa mi país hace décadas. Pero, me equivoqué; algunas eran y siguen siendo todo aquello que pensaba y la gente no estaba unida, era solo una imagen en una camisa, en un pendón, en una calcomanía.

La gente continuaba sus campañas internacionales y nacionales para lograr la liberación de los presos políticos y alguien me decía: “Oye, tu caso se conoce en Europa, en Argentina, en Canadá, en…” y eso me parece bonito pero no eficaz, y a decir verdad, poco útil. Me parecía que allá afuera estaban perdiendo el tiempo, desgastándose en algo infructuoso, que era tan solo el grito de una coyuntura más, de los que acostumbramos a tirarle piedras al cielo -¿Cómo se le pide al verdugo que no afile su hacha?- todo está mal y con marchas, pendones y camisetas no lograremos grandes cambios, si el sistema

las clases populares de éste país. Y ésta es tan solo una lista de nuestros político y económico está diseñado por seres bestiales para convertirnos en bestias, para deshumanizarnos, para hacernos esclavos de la desesperanza, para que soñemos con una primavera en el trópico.

Alguna vez leí en la web, sobre una campaña que adelantaba Amnistía Internacional, para evitar que una mujer fuera ejecutada en el oriente medio, por el “grave” delito de adulterio. En Colombia éste puede ser una práctica normal, en otros casos un pecado, pero allá –en el oriente medio- es un delito que se paga con la pena capital. Ellos hacían un llamado a todas las personas a colaborar para evitar ese acto criminal y arcaico. ¿Qué se necesitaba para evitarlo? una firma electrónica en su página y ellos se encargarían de lo demás. La mujer fue “rescatada” de un sistema judicial vinculado estrechamente a lo religioso –no debemos vincular a dios en lo político ni en lo económico- y fue asilada en alguna parte de éste mundo.

¿En Colombia qué necesitamos?: ¿Un perdón de la hiena que ríe mientras devora?, ¿Camisetas y marchas?, ¿Qué alguien en Europa se entere que en este país hay presos políticos sin ningún tipo de garantías? “Es preocupante esa situación” dirá en inglés, francés o alemán y luego a eso de las cuatro de la tarde tomará té con galletas en alguna amplia oficina en la bella Europa.

No se interpreten mis palabras a manera de derrota, ni mucho menos como la visión de un desagradecido que no aprecia todo cuánto se ha hecho por él; solo quiero decir que en ocasiones hay cosas que no se dan, deseos que no se cumplen, batallas que hay que evitar no por el miedo a la derrota, sino porque es más lo que perderemos incluso ganando la guerra -lo que algunos conocen con el nombre de victorias “pírricas”-. No se usa un cañón para matar una mosca, pero tampoco se enfrenta un cañón con una cuchara.

Creen acaso que al gobierno, que desvía el presupuesto destinado a la salud, educación, infraestructura pública y seguridad social para aumentar su poder militar en una guerra de poder y avaricia, ¿le asusta una marcha? O que a ése gobierno que extermina poblaciones enteras, culturas, ríos, selvas con su fauna y flora para firmar un contrato con una multinacional vampira que cuando acabe con todo se irá a otro país a continuar su devastación como es su forma de actuar, (como éste gobierno y como el que pasó y el que le antecedió a este y el que vendrá), que más que gobiernos parecen hoyos negros que desaparecen todo cuanto pasa por su lado, ¿creen que le va a preocupar o al menos interesar que unos presos no tengan acceso a la salud –que es un derecho-, cuando millones de personas mueren ante ese espejismo llamado SISBEN, o que un preso sea reducido en sus derechos y su familia y amigos? Yo no lo creo.

En este gobierno y el que le antecedió y el que vendrá, los niños mueren con los pulmones llenos de pegante, los ancianos son arrojados a las calles y basureros, si a los más desposeídos los despojaron hasta de la basura, donde lo público progresiva y sistemáticamente se privatiza, donde lo único verdaderamente de todos es la deuda externa y lo exclusivamente popular son los muertos que deja el conflicto y todos, absolutamente todos los derechos son ultrajados que a punto estamos de declararlos mito; el único derecho en este país, es el derecho a morir en silencio, a vivir en silencio, invisibilizados, atemorizados, condenados a la inercia mental en ese miedo a ser valientes.

III UNIDAD: PODER POPULAR, INDIVIDUAL O GREMIAL

Siempre he hablado, escrito y cantado sobre la importancia de la unidad, y son innumerables las ocasiones en que he escuchado y leído a distintos personajes referirse al mismo tema que van desde lo inspirador a lo lúcido unos, hasta lo taimado y mamerto otros. Pero ¿qué es lo que sucede?: que no lo aplicamos. La unidad debe ser nuestro credo, más allá de toda ideología, de tácticas y estrategias, de formas de crecer y construir organización. Considero que la unidad por ahora debería ser la meta, el objetivo principal, lo urgente, más allá de curules o rectorías, de alcaldías o consejos estudiantiles, de presidencias de cualquier tipo de organización.

¿Qué es lo que tanto nos llama la atención del poder? ¿Qué es tan importante que impide pensarnos desde el bien común, no sólo gremial?, ¿Qué es eso tan poderoso o interesante que nos divide?

¿Por qué no hemos aprendido nada de nuestro propio pasado, acaso no escribimos y recitamos eso de: “Un pueblo que no conoce su historia, está condenado a repetirla”? ¿Es la historia tan solo una materia en un programa académico o un impostado tema de tertulia pseudo intelectual? Por favor, recordemos y apliquemos algo de ese legado de hermandad y lucha que nos heredaron esos gigantes de la historia misma como: Ernesto Guevara, Antonio Nariño, Don Andrés Bello, Mahatma Ghandi, El reverendo Luther King, Nelson Mandela, María Cano, Simón Bolívar y por qué no, Jesucristo –apartando la idea de que era el hijo de dios si lo prefieren-.

Pensemos por un momento ¿qué es lo que nos impulsa a luchar, a recorrer las calles con las banderas del pueblo y las voces en alto?, ¿qué nos lleva a defender nuestro legítimo derecho de soñar un país mejor, un porvenir para todos y todas? ¿Será acaso la justicia y la búsqueda de ésta, o la igualdad y el reconocimiento como individuos hermanos que ésta concede? Si es así, ¿Por qué se generan discordias retardatarias –por llamarlo de alguna manera- cuando alguien que no pertenece a “nuestro gremio” o “partido o movimiento político” es postulado para algún cargo directivo o administrativo y casi como un acto reflejo, como un tic de egoísmo, escogemos a un miembro de nuestro “ghetto político”, tan solo por generar lo que llamamos absurda y precozmente democracia?

He llegado a creer que no sabemos con claridad lo que somos como seres políticos, que nos apartamos en ocasiones del humanismo, que es pilar de nuestra existencia, de nuestra razón de vivir. Claro, el debate y el consenso es lo que nos aleja y diferencia del bestialismo en que se fundan las dictaduras y el capitalismo, pero ¿qué pasa cuando traspasamos esa línea –para muchos invisible y delgada- argumentando el bien común, la misma democracia? ¿no estamos creando acaso lo que podríamos llamar una “paradoja del ser y actuar político, tan solo porque no hemos aprendido el significado de la palabra “cohesión”?.

¿Por qué no realizamos debates en tiempos ajenos a elecciones de cualquier índole?, ¿por qué “disputamos” quién sí y quién no encabeza una movilización?, ¿por qué cuando nos entrevistan no somos capaces –o no se nos place- reconocer al que va a nuestro lado?, esos hermanos y hermanas con los que tan sólo debemos tener diferencias que sean propias de la forma en que cada organización procede internamente; pero que debemos entenderlas como una expresión de la libertad de método, no como contradicción dicotómica en una posible y urgente unidad.

Espero que a estas alturas del escrito, los teóricos y los dogmáticos no hayan vomitado sus términos, con los que generalmente se trata a los ajenos y hasta perseguidores de la inmaculada matriz del pueblo: “reformista”, “traidor”, “contrarrevolucionario”, “anarco”, “libre pensador”, “revisionista” y otras delicias del argot que jamás he escuchado salir de los labios y menos del corazón de un campesino, indígena, afro, en fin. La mayoría dentro de ésta minoría –por ahora- que es el pueblo organizado, y si no sale de ellos, realmente mi ánimo y espíritu revolucionario seguirá buscando y proponiendo rumbos.

IV HISTORIA Y MEMORIA: HERRAMIENTAS PARA CONSOLIDAR UNIDAD

Tenemos un grave problema de amnesia, desde pequeños –muy pequeños- aprendemos la historia de la unión hace la fuerza, de los tres palitos que por sí solos son fáciles de romper, pero que unidos son “invencibles” –yo sólo diría más fuertes-. Bueno, pues parece que se nos olvida todo y nos dispersamos para proponer la creación de grupos que toman como bandera la unidad, el fortalecimiento de la izquierda como representación activa del pueblo, pero que desde su nacimiento se promueve la “cooptación” de cuadros y miembros de otras organizaciones, dando origen a rivalidades fraticidas, a rencores pequeños que sumados nos da un resultado devastador y triste para el proceso de organizar al pueblo.

Estas rivalidades y rencores inducen a una dispersión que solo es provechosa para la oligarquía y para el sistema que tanto combatimos. Ellos –la oligarquía y el sistema económico que la mantiene fuerte- sí que saben aprovechar estas dicotomías, pues aplican con meticulosa disciplina el pensamiento distorsionado que toman de Nicolás Maquiavelo: “Divide y vencerás”. Pero ellos, a pesar de la posesión del dinero, de los medios de producción, del poder y todos los órganos y herramientas con las que cuentan para explotarnos, no tienen la lucidez, el amor y el sacrificio que se requiere para ser un buen gobernante, solo pueden ostentar el vergonzoso título de dictadores –demócratas entre ellos-.

Contrario a ellos, nosotros los pobres tenemos ese amor fraterno, ese sacrificio constante, ese sentido profundo de lo común… pero, ¿si estamos dispersos, qué tenemos?: ¡Nada!, o de pronto si: tenemos más muertos, más amenazados, más desaparecidos, más desposeídos, más hambrientos, más indignos y más ONG’S que viajan por el mundo, ganándose el banquete de cada día hablando por nosotros –menos mal no son todas-, mientras acá nos golpean e insultan, en medio de nuestras discusiones de forma de ideología…de protagonismo.

Entre esas discusiones en donde Marx, Mao, Lenin, Bolívar, Nariño, Guevara, Trotski, Sandino, etc son las bailarinas codiciadas y criticadas por parte y contraparte, se nos olvida algo, fundamental: a todo lo ajeno cuando lo vamos a usar, debemos hacerle una adecuación, en éste caso miraremos ajeno no a la pertenencia, ni al origen, ni a su naturaleza; sino, a que no se ha generado desde nuestras propias necesidades, en nuestro tiempo, en nuestro territorio. No podemos adecuar el problema a la solución, sino la solución al problema; es ahí en medio de ese caos ideológico y metodológico donde surgen propuestas absurdas y antónimas como la siguiente: Una alianza “estratégica” con la oligarquía que tanto daño le ha causado a nuestra sociedad, a nuestra historia para obtener la “representatividad” que no lograríamos con sólo nuestros votos.

También mal interpretamos aquello de: “desde adentro –congresos, alcaldías, concejos etc- podemos generar cambios profundos”. Sí, eso es cierto, pero para eso debemos contar con la mayoría en esos escenarios. Ese es el camino, pero nos estamos saltando los distintos estadios para llegar a ese añorado momento de cambio; mientras este fenómeno de cercanía al poder ocurre, vamos -sin darnos cuenta- creando seres amorfos políticamente hablando, que dan muestra de lo que es el poder en las manos equivocadas, aquí una muestra: Lucho Garzón; ya sabemos de dónde salió, quién es, dónde está y a quién se le arrodilla, Gustavo Petro; habla de la lucha social según el viento y el momento, el socialdemócrata que carga el “pesado” lastre de haber sido guerrillero, Angelino Garzón; el sindicalista que llegó a ser mayordomo de la casa de Nariño. Es vergonzoso que estos seres hayan “salido” de cuadros o ex cuadros políticos de orden nacional; ¿Para qué hacer una de lo regional o local, para suicidarnos?

Desde estos puestos gubernamentales y escaños no se han logrado cambios profundos, estructurales por la razón anteriormente planteada: No somos mayoría en esos escenarios y para lograr un sí, debemos apoyar mil No.

Y si nos preguntamos si el discurso es lo importante o si por el contrario es la convicción, la honestidad y la prudencia para evaluarnos, para mejorar y por fin avanzar como pueblo organizado hacia la unidad, donde cualquiera pueda asumir el liderazgo. Por qué no hablamos de un “relevo” fraterno, de compartir lo poco, de aplicar la asociatividad en la diferencia, por qué no podemos mirar el poder como la opción que tenemos para estar al servicio de los demás y no como un peldaño más para alejarnos individualmente de la desgracia en que está sumido el pueblo al estilo de los empolvados políticos tradicionales.

Debemos cuidar lo que hasta ahora se ha podido construir con un alto costo de sacrificio; mirémonos, examinémonos, no en un acto revisionista, sino como un ejercicio de comprender nuestro actuar como individuos que conforman una sociedad y que pretenden una mejor. Lleguemos a nuestro origen primario que está entrelazado en nuestro sueño, alejémonos del egoísmo y alejemos a los egoístas de nuestro lado, desterremos el egoísmo de nuestro corazón, para poder escucharnos y cantar una sola melodía, al fin y al cabo, es el mismo sueño que inició con esto que conocemos como “Izquierda”.

V MASS MEDIA: CONSTRUYENDO CONCEPTOS DIFUMINADOS PARA ACABAR CON LA DIALÉCTICA

La vida, el universo se conforma de dualismos, antagonismos, contrarios…dialéctica. De esa manera, si asumimos la posición política o la manifestación activa de nuestra circunstancia político-filosófica que se conoce con el nombre de “Izquierda” -teniendo en cuenta la dialéctica-, deberíamos también asumir por ende que existe una “derecha” como nuestro antagónico inmediato; Proletariado v.s Burguesía según Lenín, oprimidos v.s opresores, en esa confrontación que debe llevar a una nueva sociedad donde los explotados estarán en el poder, eso está bien.

a) Difuminar para camuflar el fascismo.

Ahora en éste siglo, en éste país, los órganos del estado-oligarquía (que unge como siervo del imperialismo-capitalista) como los “mass media” generan con gran eficacia una mixtura caótica, compuesta de grises y borrosas posiciones políticas, entre opresores y oprimidos , con la que se busca confundir –como ya sucede- al pueblo en general, que intenta difuminar los –en ocasiones- débiles lazos que unen a las distintas organizaciones sociales y que se muestran como opciones “clasificatorias” de un ser político que encuentra su nicho perfecto, donde puede desarrollar su interés particular, un escenario sin lugar a la crítica y a la autoevaluación.

Una sociedad que a pesar del trabajo y sacrificio de miles y miles de personas por organizarla y concientizarla, durante más de medio siglo -mis cuentas son dos siglos-, ha sucumbido ante el modelo económico y la aculturación que éste impone; esa cultura del consumo, de la no reflexión, donde la fe y el saber se activan con un control remoto cuando queremos hablar con ese dios omnipresente, omnisapiente que conocemos con el nombre de televisión. Él nos dice que es bueno y que no, cómo vivir, qué pensar o más bien nos ordena qué hacer. Es de ésta manera que ahora hablamos con propiedad de ciertas tendencias que no son más que un camuflaje del fascismo taimado y el cubil donde procrean sus argucias los traidores del pueblo, los que un día dijeron ser; pero que jamás fueron.

Componen esta mixtura caótica la llamada “Centro izquierda” que son todos esos personajes que se formaron en el ideario del poder para el pueblo, se alimentaron del conocimiento y humanismo que emana del pueblo, para luego correr al lado de su verdadero interés: el poder como puente de bienestar propio y algunos cercanos, también los conocemos con el nombre de: “Social demócratas”. La “Centro derecha”, este grupo definitivamente demuestra lo que es: un fascismo taimado que habla de derechos humanos, pero tan solo para una franja de la sociedad, aplaude de lejos todo acto de represión del estado o fuerzas paramilitares a las organizaciones populares y llaman terrorismo y subversión a todo acto legítimo del pueblo por lograr su libertad.

Estas dos –Centro izquierda y Centro derecha- recuerdan al personaje de la obra de teatro: “Ruzante”; quien en medio de una guerra entre dos reinos, sobrevivió a ésta usando ambos uniformes, alzando las banderas de cualquiera de los reinos cuando era necesario, de esta manera se alimentó, bebió, para luego burlarse a escondidas de quienes murieron en dicha guerra.

Por último: los “Centristas” que a mi parecer, los atraviesa la línea ecuatorial. ¿Qué es en sí un “centrista”?: los que tildan a la izquierda de terrorista, a las organizaciones sociales de subversivas y a la derecha -generalmente en un tono suave, casi familiar- de demócratas, pero que no se pronuncian acerca de la venta de armas a guerrilla, paramilitares y bacrim, al tiempo que hablan de paz, extradición y estado social de derecho.

Me recuerdan unos personajes curiosos que en la búsqueda de la complacencia general -vaya uno a saber con qué fin- “agnósticos”. Ellos no creen en un dios en sí, pero si creen en una “fuerza creadora” que no es más que un eufemismo y por qué no, un alias de dios. Porque en nuestro país del sagrado corazón de Jesús nadie vota por ateos.

Los “mass media” y sus campañas de confusión, mentira y desprestigio, postulan un grupo pero no a la manera de los anteriores, sino más sistemático y dañino, hablan de una “izquierda radical” que no es más que un grupo de patriotas, que a pesar de ocupar un lugar de relevancia en la política nacional, creen que un nuevo país se debe construir bajo el consenso y tutela del pueblo, que no temen admitir que si no nos escuchan debemos volcarnos a las calles, movilizarnos y que si aun así no somos escuchados, estamos en el legítimo derecho de acudir a las vías de hecho. Son ellos y ellas a quienes la palabra “diplomacia” les deja un sabor a traición, un sabor a venderse en la búsqueda de algo por fuera de lo común, entendiendo por común, todo lo que tiene relación e incidencia sobre todos.

b) Creación e instalación de conceptos para evitar la unidad.

Si le preguntáramos a alguien del común: ¿qué es un izquierdista?, respondería sin titubear: un comunista. Y si indagáramos sobre el concepto general de izquierda en la mayoría de las personas, la respuesta sería: es un grupo de comunistas o es todo lo que tiene que ver con el comunismo. Bueno, y en un país donde el conflicto social y armado, la pobreza, la falta de educación, la cultura del mafioso y el delator, del consumista inconsciente ha provocado (con mucha más facilidad que en otros países) que toda la “verdad”, la realidad inmediata sea dictada, transformada según los intereses y convertida en una versión sesgada de la verdad, una mentira sintetizada que es entregada al público masivo, que disfruta de no pensar, de no reflexionar y que se desperdician frente a esa caja “diabólica” llamada T.V. –que como ya he dicho, es un aparato de distracción, confusión, aculturación que hace posible la pasividad en las grandes masas proporcionando el concepto preconcebido y distorsionado de comunismo y de comunista, de izquierda y de izquierdista creando un problema de concepción fundamental en la generación de conciencia de clases que se busca en el pueblo.

¿Por qué? Porque esa gran mayoría de gente que sufre y padece los rigores de este sistema y este modelo, no toman aún una decisión frente a su destino, gente en su mayoría católicos o cristianos –que como se sabe mezclan política con teología- que han mal aprendido de los medios o de sus iglesias, que el comunismo es la religión del diablo y que la izquierda y las organizaciones sociales son guerrilleros o auxiliadores de las diferentes guerrillas de este país, y es en ese preciso instante donde todo esto junto –mass media e instituciones religiosas- lleva a las personas del común a formar un preconcepto de la lucha popular y sus organizaciones. Ese problema de significante y significado donde la intervención mediática marca la diferencia y construye esos conceptos distorsionados y antónimos de la realidad, que luego son entregados o instalados en el pensamiento de la mayoría de las personas que no cuentan con herramientas de disertación de su propia realidad, dando origen a este “desencuentro” en el que aún está inmersa la sociedad.

Ahora, teniendo en cuenta la satanización y ese tinte de terrorista en el que se ha sumergido a la izquierda y a la lucha social –desde el concepto-, en sí: la misma palabra izquierda causa recelo en la sociedad, en los que apenas inician su camino organizativo y más en los no organizados- podemos hablar de una fractura en la unidad si analizamos la incidencia de la palabra “izquierda” para relacionar un todo.

Si como ya intenté explicar, la mayoría de las personas relacionan o conceptúan izquierda como comunismo, comunismo como guerrilla y guerrilla como terrorismo y todo lo que esto puede acarrear, tendremos suerte si logramos se desarrolle una conciencia de clases. Otro problema que se presenta si conceptuamos izquierda como comunismo y lucha social como comunismo, es la generación de una crisis identitaria hacia dentro de las organizaciones sociales, es decir, en la lucha popular. ¿Por qué?, he aquí un ejemplo.

Un campesino que marcha exigiendo solución a los problemas de su comunidad, que tiene claro que el origen de éstos ha sido los gobiernos, pero que no es, ni mucho menos se considera comunista, tan solo un patriota que quiere que todo sea mejor para todos pero aun así con ese pensamiento no se puede declarar comunista, pues ese mismo objetivo también se origina desde distintas ideologías. Veríamos que incluso el campesino no se ve identificado en el comunismo, aunque tenga un pensamiento cercano a éste.

También hablaríamos de una disgregación que se genera desde los mass media, cuando se habla de: “que los movimientos, organizaciones sociales y la lucha popular, son la expresión del comunismo o sea: de la guerrilla (para ellos por supuesto)”. Es ahí donde se empieza a sentir esa disgregación generada subliminalmente por todo un sistema, ¿por qué? Porque no todos en esas organizaciones sociales, políticas y populares son comunistas, algunos son socialistas, anarquistas, otros humanistas a secas y la mayoría -creo- aún no define su tendencia ideológica aunque ya hayan adoptado una posición.

Para hablar de algunos podría nombrar a los grupos indígenas, afrodescendientes, comunidad lgbti, campesinado, habitantes de la periferia y cascos urbanos, ambientalistas, etc, en donde podremos encontrar militantes del partido comunista o comunistas “independientes”, pero ahí tampoco serían mayoría.

Recordemos que estamos tratando el problema de la originación e instalación del concepto de izquierda por parte de los aparatos estatales, en éste caso, los mass media o medios masivos de comunicación. Es por eso que hablo de una disgregación originada e implantada subliminalmente o supraliminalmente, pues es la exposición total y permanente de un concepto erróneo que la genera –como un susurro poderoso en la mente-. Podría a su vez degenerar en una discriminación también hacia dentro de la unidad, una discriminación que no se aplica por terceros, sino que generamos como individuos que no pertenecemos al comunismo –aunque contradictorio- pero si al pueblo organizado; esta forma de discriminación, no es más que la segunda fase de ese concepto de izquierda que se origina e instala para evitar la unidad en las organizaciones sociales y las personas que resisten y luchan sin hacer parte de estas.

Otro factor que genera ese problema identitario del citadino o campesino del común con la lucha social, es ése distanciamiento que ciertos medios y cuadros políticos de la misma izquierda han generado hasta crear estereotipos. Para muchos el izquierdista –o sea el comunista o el líder social- sólo es aquel intelectual que habla de nuestros problemas en un lenguaje que no entendemos, también se tiene la creencia que para ser de izquierda hay que ser politólogo o sociólogo y adoptar una apariencia de hippie; todos estos “conceptos” que no pasan de ser prejuicios infundados, generan ese distanciamiento, esa lejanía que en ocasiones también genera esa autodiscriminación o también la disgregación que trato anteriormente. ¿Qué hacer entonces?

Lo primero sería practicar el reconocimiento de la diferencia en el desarrollo de la organización social y política, formar y prevenir a los que apenas inician su vida de activismo y lucha, -precisamente a quienes no están organizados- explicarles que no es preciso una militancia “a priori” que luego desencadene en desencanto, para sentirse y hacer parte de la lucha popular, que a parte de su ideología –si la tienen o no- son nuestros hermanos, son compatriotas, que su opinión vale mucho y que es indispensable que ejerzan la crítica, la propuesta, en la búsqueda de la unidad para mejorar. Esa debe ser –creo- la manera en que podremos superar ese problema.

También veo importante aclarar que la izquierda no es solo el comunismo, sino el conjunto de las distintas expresiones socio-políticas que se originan desde la sociedad y que la estigmatización que han sufrido tanto el comunismo, la izquierda y las organizaciones sociales que la conforman, son parte de esa campaña de confusión, mentira y descrédito creada por el gobierno-sistema para fracturar la unidad que buscamos, apoyándose en uno de sus aparatos de poder: los medios masivos de comunicación o mass media.

Ninguna ideología que tenga como pilar el humanismo y las distintas expresiones que se desprendan de ésta, deben ser discriminadas, señaladas o relegadas al interior de la unidad.

VI EL DIÁLOGO: DIFERENCIA ENTRE LO HUMANO Y LO BESTIAL

Hablamos del humanismo, pero qué fácil nos despojamos de éste. En ocasiones por cuestiones tan primarias como la “hegemonía” organizacional, esas ansias de protagonismo y esa obtusa práctica de heredar poder en una forma de “endogamia” política al estilo de títulos mobiliarios y otras vergüenzas.

¿Por qué llegamos a esa práctica de sustraer –cooptar- miembros, militantes de otros grupos para hacer crecer el nuestro? ¿No vamos acaso hacia el mismo norte, no buscamos todos lo mismo? ¿Por qué fracturamos la unidad a partir de la diferencia? ¿Para ser mayoría dentro de una minoría que aspira ser unidad?

Esta práctica vergonzosa que confundimos no sé si de manera inconsciente o sistemática con “el trabajo de base” y que está en contraposición con la idea de hermandad que tanto nombramos, origina a su vez pequeños rencores, discordias entre los que a través de la unidad buscan un cambio social. ¿Será que creemos que tenemos la única fórmula para lograrlo, que poseemos y aplicamos el método único y eficaz para resolver esta realidad y que siendo mayoría –dentro de esta masa organizada- podremos direccionar una base que solo es activa en el momento de construir, pero no al tiempo de proponer? ¿No es acaso esta misma situación la que nos llevó a organizarnos para resistir y luchar?

VII CONOCER EL PASADO, SUPERARLO PARA CRECER COMO SOCIEDAD

Alguna vez se han preguntado ¿por qué heredamos rencores? ¿Por qué al momento de iniciar nuestra militancia aprendemos que hay diferencias dispersivas y personas o grupos que declaramos de alguna manera “poco gratos” aún sin conocerlos a fondo? ¿Nos hemos preguntado su origen? Bien, esas discordias posiblemente tienen sus orígenes en la irresponsabilidad, indisciplina y egoísmo de algunos pocos que tomaron decisiones equívocas en el pasado lejano e inmediato, no en una, sino en muchas organizaciones, desde distintos escenarios, pero que tuvieron, tienen y tendrán repercusiones en todos como pueblo organizado. Pero fuimos nosotros mismos quienes los elegimos y llevamos a ocupar esos puestos, a desarrollar ese rol de líderes y voceros en concejos municipales, alcaldías, gobernaciones, sindicatos, consejos estudiantiles, comités, cooperativas, etc. Y nos culpamos unos a otros por esos errores que generamos indirectamente y que ahora cargamos con el peso de una mala decisión que trasciende esos escenarios.

Es cierto, no es nuestra culpa pero también es cierto que no hemos sido capaces –o no nos place- al interior de cada grupo u organización a la que pertenecemos, de expulsar o sancionar a esas personas; peor aún, los seguimos postulando e invitando para conformar las nuevas organizaciones que intentan unidad con la mayor representatividad de la historia de nuestro país. Un ejemplo: El Polo Democrático y Marcha Patriótica, la Unión Patriótica es otra historia lejana a este álgido tema. Estas tres dignas manifestaciones de cohesión social, que por su naturaleza de “amplias” o “abiertas”, que por su intención de albergar en ellas a todos los que sufren y quieren otro país, son penetradas por esos viejos dinosaurios que se disfrazan de líderes altruistas, pero que en el pasado han ocasionado las discordias que nos separan y aun así los recibimos sin hacer nada al respecto sabiendo lo que pasará –por favor revisar historia de organizaciones sociales de izquierda o populares entre 80’s hasta la fecha-. Detengamos esto, desde nuestros grupos o partidos, internamente tomemos decisiones.

Cómo es posible que estudiantes que apenas terminan sus estudios secundarios –entre 13 y 16 años- se refieran peyorativamente y con cierto desprecio de sus contemporáneos, con los que comparten su lugar en las calles por las que marchan, las aulas de las instituciones en las que estudian, truncando tempranamente un proceso de unidad. ¿Acaso fueron o son ellos los culpables de las malas decisiones que otros tomaron?: ¡No!, ninguno de ellos, absolutamente ninguno tiene, ni tuvo nada que ver. Solo saben que los otros –los diferentes en forma no contrarios- asumen posiciones erradas y que hacen parte de un antagonismo inexistente o al menos y por fortuna no muy profundo. ¿Qué genera esto? Una guerra de señalamientos de parte y contraparte que los desgasta, que los retrasa en sus distintos proyectos, agendas propias, mientras los dinosaurios duermen en su caverna de dogmatismo y sectarismo.

Diálogo para superar el pasado.

Por qué no hablamos de un diálogo nacional precedido por uno local y regional, un diálogo que nos permita un diagnóstico interno de nuestros grupos sociales, partidos, etc; que nos prepare a ese gran diálogo, un diálogo histórico –verdaderamente histórico- donde exorcicemos esos fantasmas de la discordia que nos separan, donde aceptemos los errores ajenos como una derrota colectiva que nos servirá para crecer, para mejorar y madurar políticamente, para por fin aprender de nuestro pasado, de nuestros errores y empezar de esta manera a sentar bases de verdadera unidad.

Convoco a manera de ruego, a las distintas organizaciones que están del lado de lo humano, a que se muestren prestas a llevar a cabo este diálogo –no debate de quién es mejor o más antiguo o libre de culpas y errores-. Creo que el futuro de la unidad popular está en ello y contribuirá a que nos consolidemos como pueblo fuerte, con líderes lejanos al poder para lo particular, líderes-hermanos, donde la diferencia nos particularice pero no nos divida. Al fin y al cabo, el diálogo es lo que nos hace humanos, sensibles, lo que nos hizo formar hace millones de años como sociedad. El diálogo dibujará nuevamente lo que el sistema, el estado y el conflicto –de ya medio siglo o dos siglos- ha borrado esa parte humana que nos hace brillar, que nos une irrevocablemente.

Debemos identificar a todos esos farsantes que se dicen hermanos, que mienten al hablar de unidad, pues solo buscan el beneficio personal y de unos cuantos, y para ello, pactan con la oligarquía, se venden, traicionan, en otros casos son sólo errores –de buenas intenciones está lleno el camino al infierno. Eso es lo que debemos identificar con total sinceridad, si son errores o decisiones mal intencionadas, y en caso de lo segundo, estos personajes sea quien sea, deben ser expulsados de dichos grupos, movimientos o partidos y jamás ser incluidos en los procesos populares, deben borrarse de la historia que empezamos a escribir hace décadas.

Juventud: estadio activo y decisivo

Jóvenes: ustedes tienen la palabra, son ustedes quienes deben vigilar y proponer, exijan su sitio y su voz hacia dentro de sus organizaciones, la experiencia solo se logra mediante la práctica –logros y errores- si aprendemos de ella, levántense sobre su destino, sobre su realidad, no sean un rebaño inmutable orientado por una orda de dinosaurios que escasamente se pueden llamar comprometidos a tantos años de su activismo y militancia.

Creo firmemente que son ustedes y solo ustedes quienes deben elegir quien los representará, su voz, su pensamiento debe construir las propuestas, diseñar los programas que éstos representantes candidatos desarrollarán, deben trabajar en conjunto con los que atesoran la experiencia y la convicción para que nuestros líderes y nuestros programas sean eso: Nuestros.

Ocupen su lugar en la historia y no solo sean los que pegan afiches con engrudo en tiempos electorales y los que engordan marchas que se ocupan de la coyuntura, no malgasten su juventud construyendo sobre la arena de la inmediatez, inviertan su vida en la construcción lenta de lo perenne: sean el ejemplo latinoamericano que tanto se necesita.

Si lográramos todo esto, estaríamos muy cerca de esa integración hermana que se requiere para lograr la libertad, nuestra anhelada independencia como lo soñó Bolívar, como lo planteó don Andrés Bello; como lo clama Latinoamérica.

VIII CONSTRUIR UNIDAD, DESUTOPIZAR EL MAÑANA

La cercanía de un inicio.

Más de medio siglo de conflicto social, político y armado en Colombia, quinientos años de robo, explotación e injusticia, décadas de intervencionismo norteamericano en lo militar, político, económico y cultural –neo colonización-. Todo eso hemos soportado como pueblo, como sociedad, la descomposición social que causan el narcotráfico, la mafia, la corrupción, la falta de oportunidad, la horfandad de un gobierno amigo, de un gobierno justo, humano durante todo este tiempo. Generaciones y generaciones en medio de un conflicto que no comprenden, en medio de una sociedad que raya en lo inhumano, en lo bestial, generaciones que solo encuentran una alternativa: Sobrevivir.

Pero sobrevivir es más que no morir. Es adaptarse al sistema, es asimilarlo. Otros en las mismas condiciones hemos optado por enfrentar ese sistema, algunos por las vías armadas y otros desde lo político que nos une el sueño de un país mejor y es en ese momento cuando el gobierno y sus aparatos intentan mezclar las dos que aunque legítimas, distintas. La una surge como evolución de la otra, de la decisión individual de escoger cómo logramos algo. Pero el gobierno al conocer la grandeza y poder de un pueblo unido, decide hacer un solo grupo de ambas: guerrilla y pueblo organizado, para poder de esta manera judicializar a esas organizaciones sociales que tanto le preocupan, pues es consciente del valor de nuestro pueblo; intentando –una vez más- menguar lo que no pudo exterminar con su terrorismo de estado, con sus paramilitares, con sus montajes, torturas, persecuciones, señalamientos, con su dinero, con su poder.

A más de medio siglo; hoy en la Habana se llevan a cabo unos diálogos de negociación que logren poner fin al conflicto armado y no solo armado, también social y político; discuten puntos neurálgicos, esos mismos que dieron origen a éste conflicto en el que nacimos y al que sobrevivimos de manera digna –lo dice alguien que está en la cárcel-.

¿Y si se logra? Es la pregunta que deberíamos hacernos. Si se logran esos cambios o al menos empezamos a ver cómo cambia este panorama, si empezamos a sospechar el rostro de la paz, su color, su olor…

Pero si no estamos listos como pueblo unido, jamás alcanzaremos el poder, siempre seremos la oposición que elige unos cuantos, veremos pasar la oportunidad de tener las riendas de nuestro destino, nunca podremos diseñar nuestras leyes, las leyes por las que se rige nuestra sociedad, las leyes que nos juzgan o liberan, seremos cenicientas tristes, amargadas, seremos siervos por los siglos de los siglos. Pero creo tanto en mi pueblo, que sé que sabrán que es el tiempo de madurar políticamente, de revolucionarnos mutuamente para por fin ser tan grandes como lo soñamos.

Qué hermoso ver de nuevo banderas de la Unión Patriótica, como un mensaje de nuestros muertos a los violentos, a los sanguinarios, a los poderosos, diciéndoles: ¡No se puede matar la memoria, nuestra sangre no está en venta, nuestra vida es nuestra y de nadie más, nos unimos por amor, no por temor señores fascistas!

Como pueblo somos superiores a unos cuántos, solo debemos profundizar en la idea de la unidad, lo que nos podría hacer invencibles si la lográramos construir más allá de egoísmos, protagonismos y construyendo desde la diferencia. Somos un pueblo con una historia dolorosa, pero llena de heroísmo, con cicatrices que tan solo con dignidad y justicia cerrarán, debemos creer que somos capaces de lograr el cambio, que podemos cambiar para dirigir nuestro destino. Creo firmemente que podemos construir unidad para desutopizar el mañana.

ANEXO:

Este escrito es el resultado de años de lucha y reflexión, incrementada en éstos casi tres años de presidio. Como se notará, no soy un teórico, ni politólogo ni sociólogo; soy tan solo un artista-compañero, un patriota-cantor que desesperado y preocupado por lo que ha visto en años, plantea unos problemas con sus posibles orígenes y unas posibles soluciones a éstos.

No sé qué actitudes se vayan a tomar frente a este escrito o frente a mí, pues sé que he herido susceptibilidades y desenmascarado lo que teníamos enfrente y por algún motivo no lo denunciábamos o no comentábamos más allá del susurro colectivo. Este escrito salió más que de mi mente, salió de lo más profunda de mi ser, donde habita mi amor por el pueblo.

Es importante para mí, conocer su opinión acerca de este, pues reitero, no soy un especialista y si a muchos no les agrada, les parece grosero y poco científico realmente no hará cambiar mi parecer, mi compromiso y mi amor fraternal por el pueblo; pero si es el pueblo todo, a una sola voz quien me declara un traidor, un apátrida, revisionista, reformista, anarquista y me exige apartarme de su camino, entonces lo haré con una sonrisa de victoria; pues por primera vez veré a mi pueblo tomando una decisión en esa unidad de la que tanto he hablado: Ese sería un buen principio.

Carlos Lugo.

Mayo de 2014

Florencia-Caquetá

Penitenciaría Heliconias

CONTÁCTANOS

Tienes algún comentario? ¿Alguna pregunta? ¿Tienes simplemente algo que contarnos? Escríbenos y te responderemos lo más pronto posible.

Enviando

Inicia Sesión con tu Usuario y Contraseña

¿Olvidó sus datos?

Ir a la barra de herramientas