El reciente acuerdo sobre participación política logrado en la Habana entre la insurgencia de las FARC – EP y el Gobierno nacional, en el marco de los Diálogos de Paz, constituye indudablemente un gran paso en el camino de la democratización de la vida nacional. En él, el establecimiento reconoce –implícitamente- la existencia en Colombia de un régimen de democracia restringida, corrupta y deformada.

Abrir la posibilidad de que se revise el amañado e ilegítimo sistema electoral; la participación de las regiones afectadas por el conflicto; llevar a la práctica la equidad de género en la participación política; reconocer la importancia de las organizaciones sociales en las definiciones políticas trascendentales de la nación; democratizar el acceso a los medios masivos de información y las formas como se construyen y aprueban los planes de desarrollo, son avances muy importantes, logrados por la perseverancia de los delegados de la insurgencia. Éstos y los establecidos en el punto primero de la agenda sobre reforma agraria integral, modelo de desarrollo rural y superación de la pobreza en el campo; además de generar optimismo sobre el futuro y resultados de los diálogos de paz, plantean un reto para el movimiento social y popular, al igual que para los sectores democráticos del país.

Un primer elemento de este gran reto de la sociedad colombiana, es el respaldo a los diálogos como único camino para llegar a la reconciliación de los colombianos, superar el conflicto social y armado, mediante un acuerdo que nos conduzca a la paz con justicia social.

El segundo aspecto de este enorme desafío, tiene que ver con la necesidad inaplazable de que el pueblo se apropie del contenido de estos acuerdos, que aunque parciales, representan un avance importante en el camino de la reconciliación.

De otra parte, el marco logrado en estos acuerdos, requieren ser llenado de contenido: falta en ellos la letra menuda, los instrumentos jurídicos, políticos e institucionales concretos.

Éstos y los demás acuerdos a que se puede llegar en desarrollo de los diálogos de paz, demandan de todos los colombianos y colombianas, una participación más activa.

Sin descartar por supuesto, la participación directa en la mesa de diálogos, consideramos que la verdadera y más importante participación del movimiento social, político, popular y democrático se debe dar en la etapa de concreción de los acuerdos.

Debe ser la decidida participación popular y ciudadana la que garantice el cumplimiento de los acuerdos y quien asegure con sus propuestas, que el contenido, enfoque y espíritu final, nos lleve a la definitiva superación del conflicto: a una paz estable, duradera y con justicia social. “Ahí está el arte”, decía uno de los patriotas que más luchó por la paz y la reconciliación nacional.

Como movimiento social y político, es nuestro deber, casi nuestra obligación con la historia y con nuestra generación, impulsar esta tarea, generar este debate, en cuanto escenario nos sea posible: foros académicos, asambleas populares, conversatorios, encuentros y demás iniciativas que resulten apropiadas al propósito de involucrar al país entero en el logro de la paz.

No sólo estamos ante un momento importante en la coyuntura política nacional, nos encontramos frente a una situación difícil de repetir si no la sabemos aprovechar.

Consideramos un deber de todas las organizaciones y estructuras de la Marcha Patriótica, emprender esta tarea, a la cual debemos convocar al pueblo en su conjunto.

Noviembre 9 de 2013

COMITÉ PATRIÓTICO CÁRCEL LA PICOTA

ERON PATIO 11

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