POR: NELSON LOMBANA SILVA /// Paro nacional agropecuario y popular en el norte del Tolima: Nuevos testimonios sobre la forma villana como viene actuando la fuerza pública contra los campesinos que participan del paro nacional agropecuario y popular, se vienen conociendo a pesar del hermetismo de los medios masivos de comunicación y la intimidación de la misma fuerza pública para que los campesinos no cuenten. Causa estupor que suceda lo que viene sucediendo en Colombia contra un pueblo que lucha por sobrevivir, exigiendo parte de sus derechos ignorados y desconocidos por la gran burguesía en unión con el imperialismo norteamericano.

Pareciera que Colombia estuviera viviendo la peor dictadura militarista al estilo cono sur de América Latina durante la década de los 70s y demás. Los atropellos contra los labriegos del norte del Tolima el pasado 30 de agosto en el cruce de las carreteras de Líbano, Armero – Guayabal y Lérida son realmente indignantes, son conductas propias del fascismo. Relato escalofriante de la dirigente Adriana Carolina Guevara Rincón, miembro del Observatorio Socio – Ambiental de la Provincia de los Nevados, con sede en Líbano, Tolima, refleja la crudeza con que los policías Esmad actuaron contra inermes campesinos y campesinas. Al parecer los citados polizontes tenían la intención de asesinar un campesino para desvertebrar la protesta, según señala la dirigente ambientalista del norte del Tolima y que ha estado pendiente del desarrollo de la protesta en esta vasta región norteña del departamento. “A un campesino que la policía le dispara – relata – y lo cree muerto, dice: “Camine que ya está muerto”. Agrega: “Sabemos que la intención de lo que sucedió el 30 de agosto era matar a alguien con tal que el paro agrario se cayera”. Adriana Carolina, fue delegada por un sector de campesinos de Líbano y Villahermosa para que haga parte de la mesa de concertación que estaba programada instalarse este 3 de septiembre en la ciudad de Ibagué. Habla la líder ambientalista y popular sobre la crisis, las posiciones del gobierno nacional, el papel de la mujer y la juventud en el paro y el proceso unitario que se abre paso en Colombia.

La página web: www.pacocol.org dialogó con la joven profesional y esto dijo: – ¿Qué expectativa tiene sobre la mesa de concertación que está a punto de instalarse en la ciudad de Ibagué? Nosotros venimos desde el Líbano, en representación de los campesinos de este municipio y de Villahermosa también, las expectativas quizás no son muchas, porque seguramente los que llegan a esta mesa no son funcionarios con capacidad de decisión y decir claramente si se va a poder solucionar el paro o no sobre las reclamaciones justas que tienen los campesinos. Creemos que no va a tener un avance este espacio, sin embargo, creemos que sí es un escenario importante en torno al hecho que podemos encontrarnos los diferentes delegados del departamento del Tolima y poder concretar claramente cuál es el paso a seguir y cómo es que vamos a seguir trabajando, exigiéndole al gobierno nacional que es el que debe sentarse en la mesa con nosotros. – ¿Cómo se ha venido desarrollando el paro nacional agropecuario y popular en el norte del Tolima y concretamente en el municipio del Líbano? Concretamente en el Líbano ha sido un poco difícil para salir. En el primer día la represión fue muy difícil, la policía desde el 19 de agosto comenzó a bajar a los campesinos de los vehículos. Toda persona que viera con su poncho, su sombrero, los empezaba a bajar de los carros, a pedir documentos de identidad, a impedir a los mismos propietarios de los carros para que no movilizaran a la gente que llevaba mercado, el “recado” como le dicen ellos, que llevara todo este tipo de cosas. Se empezaron a colocar una serie de restricciones en la movilidad. El mismo alcalde del Líbano, tenemos conocimiento que llamó a los presidentes de las juntas de acción comunal a decirles que no salieran al paro, que eso era peligroso, que no era necesario. Incluso, los mismos comerciantes que el pasado paro acompañó con fuerza, ahora fueron cooptados por esta misma situación de que el paro era peligroso, que no era necesario, que el gobierno ya iba a negociar, que no salieran. Sin embargo, muchos campesinos sí salieron al punto de concentración. Inicialmente, en el puente sobre el río Sabandija; tocó llegar a este punto porque el punto que se había acordado que era el cruce entre Líbano, Armero y Lérida, estaba totalmente militarizado.

Fue imposible establecerse en ese punto por eso se llega al puente de Lagunilla donde estaban los maiceros y los arroceros del plan. Con ellos se sostuvo el paro unos once días más o menos, luego nos trasladamos al punto inicialmente acordado que es el cruce y allí, pues, lamentablemente ocurren los hechos que todos conocen el viernes 30 de agosto en las horas de la noche, que se realiza una marcha pacífica, como todas que se habían desarrollado durante el tiempo que lleva el paro; se sale con los campesinos del plan, con los campesinos de la montaña, que bajaban del Líbano, de Murillo, de Villahermosa, marchas pacíficas que se desarrollaban sobre un carril de la vía. Sin embargo, la policía arremete en contra de los campesinos, teniendo todos los saldos y las situaciones que sucedieron allí: Campesinos heridos, capturados, gente que fue amenazada de muerte. Incluso, un campesino que la policía le dispara y lo cree muerto, dice: camine que ya está muerto. Sabemos que la intención de lo que sucedió el 30 de agosto era matar a alguien con tal que el paro agrario se cayera. Afortunadamente el campesino está bien, el resto todos están bien, pero fue un crimen lo que sucedió allí, un atentado en contra de los derechos humanos, el quemar los alimentos, las carpas, documentos; muchísima gente quedó indocumentada; se está procediendo a hacer las denuncias pertinentes y creemos que tiene que salir algún pronunciamiento de parte de los gobernantes del departamento, incluso, a nivel nacional sobre el hecho de que los infiltrados no son de otros sectores, ni de la guerrilla, ni mucho menos, los infiltrados son los que envía la policía y los mismos gobernantes a infiltrar los paros y a hacer que este tipo de cosas sucedan, que se hagan esas alteraciones del orden público y que la policía tenga una excusa para poder arremeter en contra de los campesinos. – El presidente Santos dice que la protesta es justa y que hay garantías para ella, pero todo indica que los hechos demuestran lo contrario. ¿Usted qué opina? Exactamente. Uno se da cuenta que no es posible e incluso es preocupante, porque lo que sucedió en el cruce del Líbano se ha invisibilizado, lo mismo que otros puntos que han sufrido enfrentamientos, entonces esos sí son los que salen, a pesar de que se dice no a los hechos violentos, pero precisamente eso es lo que sacan.

Los que hemos estado protestando pacíficamente, esos campesinos no salen en los medios de comunicación, esos campesinos no son tenidos en cuenta ni siquiera por el gobernador del Tolima. Sabemos que estuvo en el sur, en los puntos de concentración, pero en el punto de concentración en el norte nunca ha estado. Creo que tampoco se le ha ofrecido la atención necesaria, ni siquiera de derechos humanos de entidades institucionales, porque sí hemos tenido acompañamiento de derechos humanos de organizaciones comunitarias y civiles. Pero este punto ha sido totalmente invisibilizado. Por estamos en el día de hoy, queremos sentar un precedente, poder entrar al despacho del gobernador y decir que el norte del Tolima está en lucha por sus exigencias justas. – El gobierno Santos viene utilizando dos versiones estigmatizantes: Una, tratando a los campesinos de vándalos y dos, que los labriegos están obedeciendo a la guerrilla. ¿Qué opina usted? Como siempre: Toda protesta en Colombia es tratada de estigmatizar. Lo mismo pasó con el movimiento estudiantil, con la MANE siempre se ha dicho que están infiltrados y que obedecen ordenes de grupos al margen de la ley; pero uno que está en esos procesos se da cuenta que el campesino que ha salido, ha salido porque siente la situación porque ya no aguanta el hecho de tener que producir pérdida, que es una situación que uno se cansa de repetir el hecho de producir y a la hora de vender no se vea reflejado el dinero, no se vea reflejado una ganancia para ellos. El tema del Tratado de Libre Comercio que cada vez es peor para los campesinos colombianos, nosotros teníamos el dato de que se vienen importando cerca de un millón de sacos de café. Eso significa una cantidad grande de importación frente a lo que se produce en el país, siendo un país tan rico productor en café y en otros alimentos. Es preocupante que se diga eso, hay muchos campesinos que salen porque la necesidad los hace salir.

Creo que es una cuestión de dignidad de lucha y de vida los que salen a estos paros y a estos procesos. – ¿Cuál ha sido el papel de la mujer en este histórico paro agropecuario y popular que se viene desarrollando en Colombia? Nosotros hemos participado muchísimo. Las mujeres a pesar de que no son tan visibles en estos escenarios creo que son fundamentales a la hora de sostener estos procesos. Muchas mujeres están en esa tarea fundamental de sostener el tema de la alimentación, sin ella sería imposible ese tema, pues muchos de los hombres no se dedican a eso. También hay mujeres que están dentro de las comisiones políticas que se organizan, son mujeres muy pensantes, mujeres que han estado participando y que participaron del paro de 1995, que han aportado con esa experiencia que tienen desde ese momento, que han dicho orientemos las cosas así. Nosotros pensamos que las cosas son así. Creo que es clave el papel de la mujer. Pues, como todo en Colombia, lamentablemente no nos vemos tan visibles en los escenarios. Digamos: hoy, en este escenario se delegaron unas personas, pero quien entra directamente a la reunión es solo un delegado que es un hombre, para nosotras no se pudo tener la participación. Sin embargo, seguimos ahí y creemos que es importante seguir ahí en este proceso que avanza con las mesas de negociación más adelante, seguramente. – Otro aspecto que llama poderosamente la atención en este paro es la presencia activa de la juventud. Es interesante. ¿Verdad? Sí. Allí en el norte hemos tenido bastante presencia de jóvenes rurales sobre todo, hijos de campesinos que se preocupan muchísimo, a pesar de que la conciencia todavía no es todavía la que uno esperaría, pero sí hay ciertas preocupaciones en los jóvenes sobre temas claves como la educación rural. Ellos se preocupan mucho sobre las posibilidades de estudiar en el campo, que es algo bastante complejo; la educación primaria es bastante irregular, los profesores muchas veces no acuden. Ellos denuncian muchísimo eso. Son salones que se encuentran con 30 niños viendo de primero a quinto, el bachillerato en las ciudades y no es tan fácil llegar a las ciudades o a los pueblos intermedios; no es una situación sencilla y económica y menos poder asistir a la educación superior. Incluso, con los jóvenes rurales del Líbano se ha hablado algo muy concreto y es el hecho que no se educa para ser un joven rural, se educa para que se vaya del campo, para que estudie otra cosa, para que salga a una gran ciudad como Bogotá, como ciudades intermedias como quizás Ibagué a trabajar en cualquier otra cosa en vez de pensar en que haya en el campo en su terruño, pedazo de tierra para trabajar y producir con toda la tecnología, que es una valor, una tradición que viene desde sus padres. Sí, hemos analizado esa situación.

Digamos que el campo en esa manera su tendencia es a quedarse solo. Cada vez hay menos campesinos porque digamos desde el mismo hogar, lamentablemente por toda la situación de los medios de comunicación y todo eso, el campesino es visto como una persona retrasada, pobre e intrascendente. El campo es como lo peor. Digamos entonces que los jóvenes no aspiran a que lo vean de esta manera en un futuro. Nosotros hemos trabajado con jóvenes rurales en el Líbano y con ellos estamos preparando el festival municipal de jóvenes para el 14 y 15 de septiembre; incluyéndolos a ellos, mejor, son partícipes y hacedores de este festival que es con miras a participar en el décimo festival nacional de la juventud en Bucaramanga y en el festival mundial de la juventud en Quito, Ecuador. – Finalmente, me gustaría un pequeño análisis político del paro que se viene desarrollando. ¿Qué significa que se hayan reunido varios sectores para paralizar en Colombia? Hace poco salió una consigna que dice: “Juntemos las rebeldías”; creo que ese sentir se viene materializando con mucho valor político y contenido. Se constituye en un avance, un acumulado que viene dejando este paro que hay que dimensionar, porque venimos demostrando que sí es posible unirnos para la lucha y para cambiar este mundo tan desigual e injusto. Todos los sectores pueden reclamar sus derechos pero en conjunto, no la salud por su parte, la educación por su parte y así sucesivamente.

Este paro nos enseña que la unidad sí es posible, superando viejos sectarismos y protagonismos insulsos. Tomemos el caso de la salud. La ley 100 de 1993, tiene la salud en cuidados intensivos. Los hospitales están quebrados. Los trabajadores no tienen los beneficios que antes. Creo que la agudización de la crisis estructural del sistema es la que nos está impulsando a la unidad más férrea y amplia. Creo que debemos transitar por eso senderos. Es la única manera del pueblo ser poder. Ojalá, esto siga sucediendo. Este paro que era originalmente campesino se transforma también en popular, que significa integrar todos los sectores con sus propias reivindicaciones sociales, reivindicativas y políticas. Que importante la presencia unitaria de los estudiantes en esta lucha, que ha dado una lucha para defender la educación pública y de calidad en Colombia. Es el despertar de la conciencia social y de clase por un lado y por el otro lado la tremenda crisis que se agudiza cada día en este país. Ojalá, el proceso unitario se profundice cada día más.

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